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Capítulo III. Cuando todo era desconocido. Parte 3

Surge una pregunta siempre abrumadora para algunos de nosotros:

¿Éramos felices en aquel entonces?

 

Mi verídica respuesta a esta pregunta se puede encontrar - entre otras - en las cartas que nosotros, los tres hermanos, escribíamos a nuestro padre, que entonces ya residía en Moscú. Estas cartas, afortunadamente, se conservaron.

Luga, 1 de Julio de 1940

Querido papá:

... Hace unos días comencé a copiarte las poesías que yo escribí... te envío dos - "A los comisarios" y "A España" - pues la mitad de la tercera - "El regreso a España" - la dejé en Leningrado y quiero mandártela bien copiada...

... Recibe todo el cariño de tu hija Carmen

Leningrado, 10 de septiembre de 1940

Queridísimo papá:

... nuestros compañeros son buenos y Carlos y Virgilio se encontraban y encuentran muy bien; pero yo lloraba muchas veces y una noche las chiquillas del dormitorio me vieron y se lo dijeron a la Directora, la cual me llamó y me preguntó qué me pasaba. Yo le dije la verdad, que no estaba enferma y que estaba contenta en la casa, pero que me causaba mucho disgusto el que no nos llevaran a tu lado, ... llegué a pensar que habrías marchado...

... Sobre Carlos yo hablé con la dirección y el doctor. Éste dice que ahora Carlos está muy bien y que mandará le den más alimento para que engorde y se fortalezca...

... Sin más, recibe todo el cariño de tu hija que te quiere, Carmen

Leningrado 5 de enero de 1941

Queridísimo papaíto:

... El primero de enero tuvimos una fiesta de carnaval navideña. Nos disfrazamos algunos chicos y chicas. Las niñas con mantilla y unos trajes muy bonitos que cosimos nosotras mismas y los chicos de mosqueteros, moros, etc. Yo me vestí con un traje de noche hecho por mí. Pero lo más pintoresco de todo fue que celebramos una corrida de toros. Virgilio y otro niño fueron los toreros; llevaban un traje precioso y con un toro de cartón dentro del cual iban dos chicos. Carlos también salió en la corrida, pero no sé si de banderillero o de picador. Estuvo muy bien representado. Al final Virgilio cortó la oreja al toro y me la tiró. No te puedes figurar cómo le aplaudieron pues lo hizo con mucha gracia.

Nuestro plan de vacaciones es muy agradable. Fuimos a ver una ópera de un cuento de Pushkin, dentro de unos días iremos veinte de nuestro grupo a Finlandia, a una casa de descanso a pasar todo el día. En fin, lo pasamos muy bien. Carmen

Leningrado 13 de febrero de 1941

Queridísimo papaíto:

... Hoy celebramos una gran fiesta en conmemoración de las elecciones españolas del 16 de febrero, todos los grupos hicieron periódicos sobre España... Carmen

Leningrado 25 de febrero de 1941

Querido papá:

Salud.

... Te escribo en nombre de los tres, pues terminé las lecciones y tengo tiempo libre. Sabrás que el domingo tuvimos toda la casa un juego de maniobras militares, contra una escuela de rusos. Fuimos a un sitio determinado donde la nieve nos cubría por la cintura. Teníamos ya el plano dibujado y cada jefe tenía una carta secreta para abrirla a una hora determinada. Era necesario apresar la bandera "enemiga".

Según el plano los 15 esquiadores nos teníamos que introducir en la retaguardia enemiga y prender su bandera. Estuvimos mucho tiempo andando por su retaguardia en el bosque. Nuestras avanzadillas vieron a los rusos. Ellos no tenían allí muchas fuerzas y no nos esperaban. A una señal de nuestro comandante nos lanzamos los 15 contra ellos y apresamos la bandera...

Pronto te mandaremos nuestra fotografía, pues el sábado nos vamos a retratar.

El otro día vino a Leningrado Jesús Hernández con otros camaradas y nos dieron recuerdos de tu parte.

Sin más por hoy recibe un montón de besos y abrazos de tus hijos que mucho te quieren y no te olvidan, Carlos, Carmen y Virgilio

En la foto, de izquierda a derecha, Carmen, Carlos y el autor. Leningrado, 1941

Dentro de cuatro meses la Alemania nazi agredirá a la Unión Soviética. En la foto, de izquierda a derecha, Carmen, Carlos y el autor

Por el tono de las citadas cartas parece ser que en nuestras vidas infantiles comenzaban a fortalecerse entonces los primeros retoños de la tranquilidad espiritual.

Aquel verano de 1941 parecía prometernos alegrías a los discípulos de la casa de niños españoles Nº 8 de la ciudad de Leningrado: nada más terminar el año escolar marcharíamos a pasar las vacaciones - como todos los años - a orillas del mar Báltico, en el campamento asignado para nosotros cerca de Sestroretsk, en el golfo de Finlandia.

Yo, en particular, conjuntamente con otros 25 niños y niñas de otras casas de niños españoles, iría primero a descansar 40 días a orillas del mar Negro en Artek - célebre balneario infantil soviético en la península de Crimea. Era un premio que se nos había concedido a los 25 alumnos por nuestros éxitos en los estudios durante aquel año escolar. Después me uniría con mis hermanos y compañeros españoles en Sestroretsk, donde descansaría con ellos otros 40 días.

Mañana fue la guerra

Pero todos nuestros planes resultaron ser un engaño que nos reservaba el cruel futuro inmediato: las alegrías que aquel verano los niños esperábamos con impaciencia se convertirían inesperadamente en crueles desgracias, que dejarán en nuestras memorias infantiles para todo el resto de nuestras vidas huellas indelebles.

El 22 de junio de 1941 - cuatro meses después de aquel juego militar infantil que describo en la última carta a mi padre - la Alemania nazi y sus aliados atacarán al amanecer a la Unión Soviética por tierra, mar y aire.

Vendrá al territorio del país que nos acogió una de las guerras más crueles de la historia, que durará casi 4 años y en la que sólo el pueblo soviético perderá más de 20 millones de vidas humanas: casi media España.

La explosión de la guerra destrozará también a nuestro pequeño colectivo de "niños españoles de la guerra" residentes en la URSS y esparcirá para muchos años a sus supervivientes.

Mi hermana Carmen pasará 240 días en el Leningrado heroico - sitiado por los alemanes -, curando con otras niñas españolas a los heridos en los hospitales. Enferma de escorbuto - enfermedad producida por el hambre - será evacuada desde Leningrado al Cáucaso del Norte con el resto de los niños españoles, a través de los hielos del Lago Ládoga - llamado entonces "Camino de la vida".

El 22 de agosto de 1942 una parte del grupo de jóvenes españoles - huyendo de los nazis y empeñados en cruzar por los puertos de las montañas caucasianas la Cordillera salvadora, cubierta de nieve y casi inaccesible, que los separaba del Mar Negro - será sorprendida y aprisionada por un destacamento de paracaidistas alemanes.

Tras una larga travesía por los territorios ocupados de Europa, este grupo de niños de la guerra "liberados de los rojos por el heroico ejército alemán" - sucios y enfermos - sería entregado en diciembre del mismo año al gobierno franquista.

Cuando mi hermanita Carmen escribía en Leningrado de la preguerra su tercera poesía - "El regreso a España" - nadie de nosotros pudo nunca imaginarse que ese tan añorado encuentro con la patria pudiera ser tan trágico e inesperado. Carmen tenía entonces 18 años.

Ahora, a sus 76, a veces ostenta con orgullo la medalla "Al ciudadano del Leningrado asediado", con la que fue condecorada entre otros españoles y que prendió en su vestido de fiesta en el año 1990 el Alcalde de Leningrado.

A mi hermano Carlos la guerra le sorprendió cuando - una vez más - estaba recuperando su salud en un sanatorio cerca de Leningrado. Con otros niños españoles menores de 14 años fue evacuado a los pocos días del comienzo de la guerra a la región de Kostromá, y más tarde a los Montes Urales, a la ciudad de Miass - cerca de la frontera que separa Europa y Asia.

La vida es cruel y el mundo es un pañuelo.

Durante la evacuación, en la estación de ferrocarril de la ciudad de Buy, se encuentran dos trenes. En uno viajaba mi padre, evacuado de Moscú hacia la ciudad de Samarcanda, situada en el Asia Central. En el otro viajaba mi hermanito Carlos, de 13 años de edad.

Las circunstancias de aquel entonces no permitieron que se unieran los dos seres queridos.

A mí - autor de este libro - la guerra me sorprenderá en Artek y ya jamás podré regresar al Leningrado sitiado, a mi casa de niños Nº 8 para reunirme con mis hermanos y compañeros. Me llevarán a residir a la casa Nº 1 para niños españoles, ubicada en los alrededores de Moscú.

Defendiendo Leningrado perecerán en los frentes de batalla toda una pléyade de valientes jóvenes españoles que, siguiendo el ejemplo de sus padres, no permitirán pasar impunemente al fascismo.

¡900 largos y difíciles días durará el bloqueo de la ciudad héroe!

En el San Petersburgo de hoy, una placa de mármol a la entrada de nuestra ex casa de niños en la calle Tverskaya - no lejos del Smolny - anuncia que desde allí partieron para el frente los jóvenes voluntarios españoles que jamás regresarían a este hogar.

Sería humano si algún partido político español - de aquellos cuyas siglas figuran en la historia de la guerra civil española - se dignasen algún día restablecer para las futuras generaciones aquella gesta española en la URSS, buscando las tumbas de los héroes y grabando en el frío mármol de sus sepulturas sus nombres en castellano, catalán, gallego, eusquera o bable, que eran las lenguas en las que, sin duda alguna, dijeron su último adiós a su lejana patria.

Entre aquellos jóvenes se encontraban mis amigos Armando y Héctor Viadiú, José Argüelles, Ángel Madera, los hermanos Mariano y Julián Balaguero, y decenas de otros.

... Los "niños de la guerra", repentinamente, nos habíamos convertido en adolescentes de las guerras, separados entre sí de manera inesperada - y para largos años - por enormes espacios geográficos. La guerra contra el fascismo proseguía.

¿Qué nos esperaba?

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