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Capítulo V. Mi amor en el quinto curso. Parte 1

El Energo de Moscú

Puede parecer inverosímil el hecho de que entre los primeros 45 ingenieros hidroenergéticos que preparó la Unión Soviética en la Universidad Energética de Moscú 23 fuéramos españoles: cinco simpáticas muchachas y 18 muchachotes.

Delante de mis ojos tengo una fotografía de la primera promoción de ingenieros hidroenergéticos y de los principales profesores que la prepararon.

 

Primera promoción de ingenieros hidroenergéticos del Energo de Moscú

En la foto: la Directora de la Universidad Valeria Golubtsova con los maestros y los nuevos ingenieros. De izquierda a derecha, señalados con cruces, los ingenieros españoles: José Barros, Aida Rodríguez, Vicente Delgado, Carmen Pinedo, Virgilio Llanos, Jaime Ortiz, Ermelina Llana, Antonio Benavente, Francisco Ormaechea, Aladino Cuervo, Miguel Pereda, Luis Iglesias, Claudio Asensio, Ángel Alonso, José Zaragoza, José Arias, Juan de Mingo, José Jerez, Araceli Sánchez, José Cruzado, Elías Arcega, José Segura, Bibiana Herrero

¡Qué jóvenes éramos todos entonces, en 1949, cuando solemnemente nos fue concedido el diploma de tan distinguido título de ingeniería!

Pero hasta que llegase aquella tan esperada ceremonia tendrían que transcurrir casi seis años de nuestra vida, entre ellos un año y medio más de guerra.

En nuestra formación profesional y política durante los años de estudio en el Energo - como familiarmente llamábamos a nuestra Alma Máter energética - influyeron una serie de factores determinantes, propios del período que vivíamos.

Ingresamos en la Universidad Energética en octubre de 1943, año de guerra en el que ya era evidente que el fascismo alemán se encontraba en la fase de su derrota definitiva.

Un buen indicio de ello - entre otros mucho más importantes - era la posición de España en este período de la contienda mundial: en estas mismas fechas Franco se vio obligado a declarar el paso de España a las posiciones de neutralidad y retirar del frente alemán-soviético los restos de su "División Azul".

Es muy difícil saber la opinión sobre el futuro de España que entonces tenía la Directora de la Universidad Energética de Moscú, Valeria Alexeevna Golubtsova - mujer muy simpática y realmente guapa de unos cuarenta años que ostentaba el título de doctora en ciencias técnicas.

Verdad es que Golubtsova tenía un buen asesor político al respecto: era su esposo Georgui Malenkóv - secretario particular de Stalin desde 1925 a 1933 - que, como consideraba la inmensa mayoría del pueblo soviético, en su día sustituiría a Stalin en la dirección del PCUS y del país.

Pero - cualquiera que fuese entonces la convicción de Valeria Golubtsova o de los dirigentes soviéticos respecto al inmediato futuro político de España en los años de la postguerra - una cosa es indudable: las medidas que adoptó la Dirección de la Universidad Energética para que la formación de los nuevos alumnos españoles fuera lo más fructífera posible resultaron ser acertadísimas.

El Grupo G-1-43

Cuando ingresamos en el Energo la Unión Soviética era un estado multinacional con cerca de 200 millones de habitantes en el que residían más de 100 nacionalidades y grupos étnicos. No obstante, en ningún centro de enseñanza superior de la capital existía grupo alguno de estudio formado por el principio de la nacionalidad.

Nosotros fuimos privilegiados: a los 23 alumnos españoles nos reunieron en un grupo especial creado en la Facultad de Hidroenergética - el grupo G-1-43.

La convivencia y el estudio conjunto de los españoles en el Energo nos ayudó a conservar nuestra lengua natal y nuestras costumbres - que con tanto esmero habían cultivado hasta el momento los educadores de las casas de niños españoles - y, además, permitió a la Dirección de la Universidad controlar mejor nuestros estudios y organizar la ayuda individual que necesitábamos en los diversos aspectos de nuestra vida cotidiana.

La composición del grupo G-I-43 era variada: once de sus componentes, antes de ingresar en la Universidad, habían terminado unos cursos en una Escuela especial política; siete habíamos retornado a Moscú después de terminar el 10º grado de la escuela secundaria en Kukkus, en la ex república de los alemanes soviéticos del Volga; y los cinco restantes procedían de diversas ciudades soviéticas en las que también habían terminado el 10º grado de la escuela.

Nuestra amistad siempre fue - y sigue siendo - muy sincera.

Los cuadros políticos de la Escuela especial establecieron desde el primer día un padrinazgo voluntario sobre cada uno de los "siete mayores de Kukkus": nos consideraban ser jóvenes, políticamente "imberbes", que necesitábamos su ayuda para la comprensión marxista de la vida. Nos ayudaban a interpretar correctamente las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin, que figuraban en los exámenes de marxismo-leninismo y economía política en el programa de estudios de la Universidad Energética.

Las relaciones que manteníamos con la Dirección del Energo eran buenas. Valeria Alexeevna nos prestaba una atención especial y, periódicamente, reunía al activo del grupo en presencia de los dirigentes de las organizaciones del PCUS, del Komsomol y de los sindicatos de la Universidad para examinar y resolver nuestros problemas.

Practicando la ingeniería

Las prácticas de ingeniería las realizamos en importantes hidroeléctricas de la URSS.

En 1947 todos los varones de nuestro grupo participamos en los trabajos de reparación de la hidroeléctrica "Dneprogués" en Ucrania, gigante de 650 mil kilovatios que era el orgullo de los soviéticos. Había sido construida en cumplimiento del célebre Plan Estatal de Electrificación de Rusia (GOELRO), elaborado en el año 1920 por más de 200 eminentes ingenieros, agrónomos y economistas dirigidos por Lenin.

Precisamente por esto "Dneprogués" fue la hidroeléctrica con que más se ensañaron los nazis durante su oprobiosa huida del territorio soviético.

Nuestras jóvenes españolas ese mismo año realizaron sus prácticas en el Cáucaso, en la hidroeléctrica de la República Autónoma de Osetia del Norte, en el río Baksán. Otro año, los alumnos del G-1-43 practicamos todos juntos la ingeniería en una cascada de hidroeléctricas en Uzbequistán, en el río Chirchik.

En todas estas prácticas los 23 futuros hidroenergéticos españoles adquiríamos serios conocimientos, que después nos ayudarían mucho en nuestra vida profesional.

Acabamos de recibir nuestros diplomas de ingenieros hidroenergéticos

Acabamos de recibir nuestros diplomas de ingenieros hidroenergéticos. En la foto, de izquierda a derecha, José Cruzado, el autor y Francisco Ormaechea. Moscú, 1949

En el nido de los solteros

Todos los años - nada más comenzar las vacaciones de verano o invierno - los miles y miles de estudiantes de las numerosas Facultades de la Universidad marchaban a sus aldeas, pueblos o ciudades, donde sus padres y familiares los esperaban en sus casas para mimarlos. En el transcurso de unas horas la ciudad estudiantil quedaba desierta.

Aquella soledad era triste para nosotros: por lo visto nos traía recuerdos de la infancia.

Los soviéticos lo comprendían perfectamente y encontraron una magnífica solución para paliar nuestra tristeza. La Universidad era dueña de diversas casas de descanso y sanatorios para los estudiantes, profesores y demás personal. Una de estas casas de descanso se encontraba a unos cincuenta kilómetros de Moscú, en un bonito bosque mixto en las cercanías de un pueblo llamado Firsánovka.

Y era precisamente en esta casa de descanso en la que, gracias a los sindicatos de la Universidad, descansábamos durante las vacaciones, tanto de verano como de invierno, todo el G-1-43 y los demás estudiantes españoles del Energo que estudiaban en otras de sus facultades. Para todos los españoles la pensión era completa y gratuita.

En un bosque mixto en afueras de un pueblo llamado Firsánovka

En la foto, además de los estudiantes del grupo G-1-43, los estudiantes españoles de otras facultades del Energo: Ramón López, Ángel Martínez, José Catalá, Florencio Heras, Alberto Santo Tomás, Lenin García, Alejandro del Cerro, Vicente Navarro, Valentín Cabriada. Año 1947

Cerca de la casa de descanso había un hermoso lago que se alimentaba de las frescas y limpias aguas de algunos manantiales circundantes. Este era el lugar predilecto donde en el verano pasábamos el tiempo demostrando a las jóvenes estudiantes - tan parecidas a los esbeltos abedules que lo rodeaban - nuestras facultades en la natación. La superficie del lago estaba dividida en dos lagunas unidas por un profundo estrecho natural. Una de las lagunas - donde se bañaban "ellas" - era el "Mar de las mujeres", y la otra, donde nos bañábamos "nosotros", era el "Mar de los hombres".

¡Aquello era insoportable para nuestro espíritu español de conquistadores!

La primera vez que fuimos a bañarnos al lago - sin vacilar - atravesamos en grupo a nado el estrecho neutral con el grito salvaje de Tarzán ¡ió, ó, óó!, que tantas veces cada uno de nosotros había emitido en su infancia al salir del cine.

Las muchachas - agradecidas por nuestra intrepidez al romper el tabú establecido por algún anormal - bautizaron a aquel magnífico estrecho con el nombre de "Estrecho de los españoles", y los nombres de los dos "Mares" - por innecesarios - se dieron al olvido.

Las paradas deportivas en la Plaza Roja de Moscú

Dos veranos se grabaron en mi memoria muy especialmente. Fueron aquellos en los que - terminada ya la guerra - todos los estudiantes españoles de la Universidad Energética participamos en las paradas deportivas que se celebraban en la Plaza Roja de Moscú, con la presencia de los principales dirigentes del PCUS en la tribuna del Mausoleo de Lenin.

Miles de participantes de las paradas nos preparábamos durante todo el verano, acampados en algún paraje pintoresco del bosque moscovita a orillas del río. Los frecuentes baños y el caluroso sol nos convertían rápidamente a todos en muchachos y muchachas de color de bronce. Nuestros jóvenes cuerpos - bien nutridos por dietas especiales y fortalecidos por los interminables ejercicios gimnásticos - debían adquirir un aspecto que recordasen nítidamente desde lejos a los electos espectadores, nacionales e invitados extranjeros, siluetas de "Venus" y de "Apolo".

¡La guerra no nos ha debilitado! - deberían irradiar nuestras figuras.

En extensos prados contiguos al campamento - adiestrados por conocidos especialistas deportivos, coreógrafos e instructores - los gimnastas del Energo preparábamos una breve presentación musical que debería durar 7 minutos.

La Plaza Roja servía de escena para el debut. Sus viejos adoquines se cubrían con una enorme alfombra artificial de color verde. El hermoso Kremlin servía de decoración. Y, desde su habitual palco del Mausoleo de Lenin, Stalin y sus colaboradores apreciaban el espectáculo.

El autor de los guiones y director de escena del colectivo deportista del Energo era Kisilyov, catedrático de Deportes. Una de sus mejores creaciones deportivas fue una composición basada en piezas musicales de Chaikovski y Glasunov. Bajo los acordes de una sinfonía, numerosas y largas filas alternadas de gimnastas de ambos sexos - vestidos con trajes deportivos de colores blanco y azul marino - formábamos un espeso bloque juvenil. Al son de la música comenzábamos a describir con nuestros flexibles cuerpos movimientos semejantes a los de las olas marítimas durante un vendaval. Toda la Plaza Roja parecía ser un mar embravecido y recordaba aquel huracán bélico que un día del verano de 1941 irrumpió en la pacífica vida del pueblo soviético.

La hechicera música del "Lago de los cisnes" sucede a la sinfonía patética y, poco a poco, apacigua al vendaval. En el horizonte aparecen veleros de agradable blancura, que surcan las tranquilas aguas, y esbeltas gimnastas - con la soltura de gaviotas dignas de admiración - saltan desde los mástiles para bañarse en el mar.

¡Había llegado la esperada paz!

Nosotros, los estudiantes españoles del G-I-43, éramos los que - ocultándonos detrás de la última ola - manejábamos los veleros con las gimnastas y sujetábamos a la altura del pecho una red de blandas fibras especiales sobre las que las bañistas caían de pecho, sin hacerse daño alguno, cuando saltaban al "agua". Era el momento culminante de la composición y el público tributaba un fuerte aplauso al colectivo gimnasta.

En Firsánovka, ahora ya sanatorio

1947. En la foto, de izquierda a derecha: primera fila - Juan de Mingo, Francisco Ormaechea, Aladino Cuervo; de pie, José Cruzado, el autor, Luis Iglesias y un joven amigo ruso

¿Cómo transcurría nuestra vida política en aquél período tan difícil para la Unión Soviética y tan indeterminado para el futuro de España?

En junio de 1947 algunos de nosotros - aunque la mayoría pertenecíamos al Komsomol - pedimos el ingreso en las filas de la organización del PCE, que parecía funcionar legalmente en la URSS.

Mis compañeros españoles de la emigración

¿Qué vimos y a aprendimos durante aquellos años de estudio en el Energo de los compañeros mayores que formaban el núcleo del colectivo de emigrados españoles en la URSS?

Yo no pretendo, ni mucho menos, generalizar opiniones de mis compañeros al respecto. Procuraré exponer objetivamente aquellas deducciones particulares que han arraigado en mi mente y que me sirvieron y sirven de puntos cardinales en mi vida.

Ante todo es menester señalar la heterogeneidad multilateral de los compañeros que formábamos el colectivo de emigrados españoles en la URSS. Éramos todos de diversa cultura, procedíamos de distintos sectores sociales. Nuestras ideas y opiniones respecto al papel que jugaron los numerosos partidos y organizaciones obreras en la guerra civil española eran muy dispares.

En una cosa básica coincidían todos: había que proseguir la lucha contra el fascismo en todos los frentes.

Y cuando comenzó la guerra contra la Alemania nazi y sus aliados - bautizada por el pueblo soviético como la Gran Guerra Patria - centenares de españoles ofrendaron sus vidas en aras de la victoria.

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