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Capítulo VI. Alexandr y Klavdia. Parte 3

En compañía de un desterrado

El secretario de la organización del PCUS del distrito de Elán, de apellido Tarásov, era un simpático y razonable hombre que había sido alejado a aquellos parajes - si no recuerdo mal desde la región de Arjángelsk o Múrmansk, donde ocupaba altos cargos - por haber llevado la contraria públicamente a un alto funcionario del CC del PCUS en una cuestión de principios.

 

Se reía a carcajadas cuando le conté lo ocurrido y le enseñé por la ventana de su gabinete a mi rocín, que el carro lechero había traído "a remolque" y que ahora se encontraba amarrado a un poste a la puerta del local del partido.

Tarásov conocía muy bien la situación en los koljoses del distrito.

El número de hombres en ellos era muy limitado: muchos habían perecido en las filas de las unidades de choque contra el ejército hitleriano - formadas fundamentalmente por siberianos y uralianos - mientras que los supervivientes permanecían todavía movilizados en las unidades emplazadas en los países de Europa que el Ejército Rojo había liberado de la ocupación fascista.

Las mujeres y los niños mayores eran la fuerza de trabajo decisiva en el distrito.

Tarásov creía que la inspección que íbamos a realizar era muy necesaria y esperaba que el material que reuniésemos fuese muy útil. Se interesó de mi vida, me preguntó mucho sobre España y me confesó que durante la guerra civil española había pedido que le enviasen como voluntario a ayudar a los republicanos, pero sus superiores no accedieron a su petición.

Me preguntó por mi nombre, patronímico y apellidos correctos, pues, como me dijo, Akúlov no pudo deletrearlos por teléfono. Se los escribí con letras mayúsculas, pero Tarásov no podía comprender por qué omití mi patronímico.

Le expliqué que, habitualmente, en el trabajo me llamaban, a estilo ruso, Virgilio Virgílievich, puesto que mi padre también se llamaba Virgilio, pero que en los documentos oficiales yo constaba como Virgilio Llanos Más: los españoles, desde nuestra infancia, ostentamos los apellidos de las semillas que nos originaron, tanto el de nuestro padre como el de nuestra madre.

Tarásov lamentó sinceramente no ostentar el apellido de su madre y me dijo en broma:

Por lo visto a mí me parió mi padre, por eso ostento su apellido y el patronímico derivado de su nombre.

Nos despedimos y, en una magnífica calesa de dos ruedas tirada por un esbelto trotón de raza irbitiana, su cochero personal me llevó rápidamente a la hidroeléctrica interkoljosiana de Bazhénovo, que era el objeto que más nos preocupaba a los dos.

Y es que en su construcción los koljoses interesados ya se habían gastado un dineral, habiendo logrado construir la presa de arcilla y la sala de máquinas, formada por estructuras de cajones de troncos de madera en la que se habían montado ya dos turbinas hidráulicas tipo "Kaplán" de 40 kilovatios cada una.

Antes de que comenzase la nueva crecida primaveral del siguiente año quedaba por construir el rebosadero. En caso contrario las obras serían destruidas por la riada. Para la ejecución de las obras faltaba fuerza de trabajo pues, como ya dije, los obreros eran mujeres y niños koljosianos, que en este período tenían que realizar, simultáneamente, las faenas agrícolas: siembras, escardas, recolectas, aradas, etc.

Pedí a Bájarev, director de la hidroeléctrica, que reuniera a los presidentes de los seis koljoses interesados en la construcción. Bájarev sufría de las numerosas heridas recibidas durante la guerra civil en las filas del Ejército Rojo. No sabía leer ni escribir y firmaba con cruces, pero tenía una inteligencia innata que le ayudaba a captar siempre lo esencial del asunto que se trataba.

A los diez minutos de haber comenzado la reunión ya no se podía respirar en el local donde nos encontrábamos: tal era el humo de las trompetillas de majorka, hierbas envueltas en papel de periódico, que los presidentes de los koljoses fumaban sin cesar.

Comencé mi intervención. En una de las paredes de la oficina colgué con clavos un plano de la hidroeléctrica de Bazhénovo y una sección de la sala de máquinas, en la que se veían los peligrosos niveles que el agua podría alcanzar con el tiempo si no se terminase a tiempo la construcción del rebosadero en el río Gryasnuja.

Expliqué que, nada más construyésemos la ataguía de arcilla de aguas arriba en este brazo del río, el embalse comenzaría a llenarse de agua, y cuando el nivel de ésta alcanzase seis metros pondríamos en marcha las turbinas. Por primera vez en las casas de todos los koljosianos se encenderían las "bombillas de Ilich" - patronímico de Lenin - que ellos tanto esperaban. Sería una gran fiesta para todos.

Para construir en el transcurso de 15 días ambas ataguías temporales - la de aguas arriba y la de aguas abajo - bajo cuya protección construiríamos el rebosadero, se requería movilizar unos 150 koljosianos y aproximadamente 40 carros tirados por caballos para el transporte de la tierra arcillosa.

Una vez terminadas las ataguías, en la obra debería permanecer un grupo de carpinteros cualificados que trabajarían de sol a sol armados de sus afiladas hachas - sorprendentes substituidores de los ilusorios cepillos, formones y serruchos que jamás tuvieron. Los carpinteros serían la fundamental fuerza de trabajo hasta terminar el rebosadero.

Para concluir mi breve alocución - acompañada de gruñidos periódicos de los presidentes koljosianos - expuse una vez más el peligro de que la puesta en marcha de la hidroeléctrica al cerrar el brazo Gryasnuja con las ataguías temporales pudiese conducir a que algunos "nos durmiésemos en los laureles" y no cumpliésemos el gráfico de ejecución de las obras del rebosadero de acuerdo con el proyecto.

Las intervenciones de todos los presentes en aquella reunión fue unánime: había que terminar la hidroeléctrica, aunque sería muy difícil por falta de fuerza de trabajo.

Mi acento al hablar, que confirmaba que yo no era ruso, suscitó al principio curiosidad, hasta que oí como Bájarev les comunicaba que yo era uno de "aquellos niños españoles..." La curiosidad se convirtió en simpatía.

... El período que dediqué al trabajo en el "Selelectro" de la región de Sverdlovsk fue uno de los más difíciles de mi vida. Permanentemente me encontraba en interminables viajes de servicio que transcurrían en condiciones muy precarias.

Inna estaba embarazada, en diciembre de 1949 esperábamos tener nuestro primer hijo, ella trabajaba mucho en su laboratorio y yo apenas la veía. Ambos, recién casados, necesitábamos estar constantemente uno al lado del otro.

El testimonio fehaciente de mis preocupaciones de aquel período son las cartas que, casi a diario, yo escribía a Inna desde los más distintos lugares de mi vida errante, sabiendo que, precisamente por desconocer mis paraderos, ella no podía contestarlas.

He aquí algunos extractos de ellas.

26.07.49. Hidroeléctrica de Bazhénovo.

... Todo el día está lloviendo, pero no cesamos los trabajos...

A las cinco de la tarde permití que los obreros interrumpiesen la faena, han trabajado muy bien, pero todos estamos empapados de agua...

Creo que mañana terminaremos la ataguía. ¡Qué bien resiste! ¡Qué bueno sería si no filtrase ésta mi primera criatura! Aunque no es nada del otro mundo está bien para empezar. Estoy satisfecho...

29.08.49. Známenka.

... Ordeno a la ingeniera del "Apartado de Correos Nº 629" - Inna Alexandrovna Llanos Más - que inmediatamente visite al doctor para determinar su estado de salud y el de nuestro futuro niño.

Firmado por el ingeniero superior de "Sverdlovskselelectro" - Virgilio.

29.08.49. Irbit.

... ¡Espera cartas desde 67 koljoses!

... El tiempo es invariable: muchas nubes y llovizna... en la calle hace frío...

04.09.49. Elán.

... Aquí el trabajo es infernal. Los primeros koljoses ya han puesto en evidencia lo que me espera en lo sucesivo...

Unas veces no está el presidente, otras veces el ausente es el electricista y soy yo el que tengo que encaramarme doquiera...

Luego hay que trazar el cuadro real por escrito y con esquemas, legalizarlo con la firma y el sello del presidente...

Así es que sólo se pueden inspeccionar dos koljoses al día...

¡Y tengo 67 y dos centros de máquinas agrícolas!...

Hoy se cumple el primer aniversario del comienzo de nuestra amistad...

¡No andes con los zapatos rotos!...

12.09.49. Koljoz "Jleborob", Sóviet rural de Bazhénovo.

... Me levanté por la mañana y me afeité (tenía una barba que tú nunca vistes) y desayuné muy bien (patatas hervidas con leche)... hacía ya cinco días que no tomaba nada caliente...

No te puedes figurar cómo cuento los días...

¡Lo que he llegado a inventar para contarlos! He dibujado en el libro de apuntes 67 cuadrículas que forman una especie de rectángulo. Nada más que termino la inspección de un koljoz borro una de ellas. Comencé a borrarlas transversalmente, pero la cosa marchaba muy despacio. Pasé a borrarlas diagonalmente, sin lograr aceleración alguna. ¿Qué más inventar? No sé...

19.09.49. Koljoz "Trudovik", Sóviet rural de Krasnopoliansk.

... Todavía quedan 35 koljoses más. Parece ser que estos viajes no terminarán jamás...

Ayer todo el día me dolía mucho el estómago...

Trabajo aproximadamente desde las cinco de la mañana hasta las 9-10 de la noche..., me canso mucho, pero de este modo adelanto nuestro encuentro..., duermo en cualquier parte y en condiciones pésimas, pero si reflexionase respecto a las condiciones de vida sería mucho más penoso. Así es mejor: llego a la isba en la que debo pernoctar y me desplomo a dormir. No veo y no pienso sobre lo que me rodea...

... Sigo la carta en el koljoz "Krásnaya Polyana", el 34 de la cuenta...

Hoy por la noche dormí muy bien y, por primera vez en todo el viaje, vi un sueño muy agradable.

... Estábamos en España con todos nuestros chavales y yo os enseñaba la casa en la que nací, mientras que ellos se reían y servían la mesa... cómo entonces en la boda ¿te acuerdas?. ¡Y me encontraba tan bien!

Repentinamente me despertaron: ayer había pedido que preparasen el carro para las cinco de la madrugada y ya me estaban esperando. Todavía me encuentro bajo la impresión del sueño y me siento bien.

24.09.49. Koljoz "Iskra" del Sóviet rural de Chernovsk.

Sigo mi itinerario. Ahora me ha surgido una preocupación muy importante y agradable: el día 21 de este mes compré una manta para nuestro futuro niño y, puesto que aquí llueve constantemente y se moja todo lo que llevo en mi mochila, cada tarde saco la mantita y la pongo a secar en la isba donde paso la noche. Y, como es natural, la "operación" sirve de pretexto para hablar de nuestra familia y, en particular, de ti.

... Ayer dormí mejor que habitualmente: el banco que me sirvió de cama era el doble de ancho que los anteriores. Parece ser que hoy también dormiré bien ya que, al parecer, en este Sóviet rural todos los koljosianos tienen bancos iguales...

02.10.49. Koljoz "Krásnye Orlí" del Sóviet rural de Chernovsk.

... La ruta llega a su fin... ¡quedan cuatro koljoses!...

Parece que he adelgazado un poco y mi barba es espantosa...

Me encuentro en la isba de la junta directiva de este koljoz esperando el carro que me llevará hasta la aldea Chubárovo. En la pared hay un espejo y no puedo reconocerme en él...

Me quedan 10 rublos y tres días por delante. Si recibo en Irbit mi paga del mes pasado compraré sin falta un par de kilos de harina para que mamá pueda preparar pelmenis para el domingo. ¡Tengo unas ganas de comerlos en casa!...

A primeros de octubre de 1949 regresé a casa después de mi larguísima comisión de servicio en la región de Elán.

La familia Kashéev ya había recogido en el huerto nuestra cosecha de patatas - ¡10 sacos! - y habían llenado las tres cubas de madera de que disponíamos de pepinos, col y robellones, todos ellos en salmuera. Para depositar estos productos y protegerlos del frío cada familia del "Dom Pilá" disponía de una celda individual en el sótano.

Entonces las patatas hervidas aliñadas con unas gotas de aceite o, simplemente, acompañadas de alguna hortaliza o setas en salmuera, eran el plato más ruso que existía al alcance de todos los ciudadanos, fuesen habitantes rurales o urbanos. Cuando, después de haber realizado un gran trabajo familiar, lograbas depositar en el sótano de tu casa dichas cubas con estos productos, sabías que en el crudo invierno que se aproximaba la familia no pasaría hambre.

Inna - aunque ya estaba de vacaciones por quedar menos de dos meses para que diese a luz, - no había podido resistir la tentación y también había participado en la recolecta: decía que aquel huerto colectivo que las autoridades locales proporcionaban para que las familias cosecharan, fundamentalmente, patatas, le recordaba nuestro primer encuentro en el koljoz de la región de Yaroslavl.

Los dirigentes regionales deberían haber sido más modestos

A los dos días de haber regresado a Sverdlovsk me encontraba de nuevo en la oficina regional del "Selelectro" y me apresuraba a resolver dos asuntos primordiales.

Ante todo debía preparar el informe sobre los resultados del trabajo realizado en el distrito de Elán. Estaba impresionado por el cuadro desconsolador que vi y registré durante la inspección.

¡Entre los 67 koljoses inspeccionados había 54 que - a pesar de que sus calles, isbas y eras ya disponían desde hacía tiempo de adecuados tendidos eléctricos e incluso de caras fuentes de generación de energía eléctrica - prácticamente, jamás habían visto una bombilla encendida!

... El respeto que merecían aquellos koljosianos con los que había convivido durante aquellos meses - en su mayoría ancianos, mujeres y niños - y la admiración por el enorme trabajo que ellos habían realizado en condiciones tan difíciles para avanzar en la electrificación de sus aldeas, parecían exigirme que incluyese en mi informe técnico, aunque nadie lo pedía, un apartado que explicara - desde mi punto de vista - el porqué de aquella situación en la electrificación rural. Pero semejante apartado era innecesario: todos conocíamos las principales causas.

Cuando en 1945 terminó la guerra, la inmensa mayoría de los recursos de la Unión Soviética - de acuerdo con el Cuarto plan quinquenal de desarrollo de la economía nacional (1946-1950) - fueron dirigidos a la reconstrucción de las regiones del país que fueron destruidas por los alemanes en los cinco años de la contienda.

En estas regiones - que se encontraban a miles de kilómetros de Sverdlovsk - habían sido destruidas 1.710 ciudades y poblados y más de 70.000 aldeas y pueblos, privando de techo a más de 25 millones de personas; en ellas los alemanes arrasaron 31.850 empresas industriales; 40.000 hospitales; 84.000 escuelas y centros de instrucción; 65.000 kilómetros de vías de ferrocarril y 4.100 estaciones ferroviarias; fábricas metalúrgicas y minas en las que antes de la guerra, respectivamente, se producía cerca del 60% del acero y el 60% del carbón de toda la URSS.

Los fascistas destrozaron y saquearon decenas de miles de koljoses y sovjoses, degollaron y enviaron a Alemania 17 millones de cabezas de ganado vacuno, 20 millones de ganado de cerda y 27 millones de cabezas de ganado lanar.

En aquel entonces en la Unión Soviética existían 235 mil koljoses y los problemas de su electrificación se encontraban en una situación parecida o muchísimo peor de la que yo retraté en los 67 koljoses "míos". Por estas razones entregué el informe a mis superiores tal y como lo pedían: sin ningún apartado especial.

La pequeña María del barrio "Uralmash"

Inna ya se encontraba en las vacaciones del período de gestación. El 1 de diciembre de 1949, al atardecer, empezó a sentir los primeros síntomas de comienzo del parto. El tiempo era horroroso: una borrasca de viento y nieve azotaba sin piedad Sverdlovsk. La temperatura del aire alcanzaba los 25 grados bajo cero y el extenso descampado que separaba el barrio del Uralmash del centro de la ciudad se había convertido en un depósito de nieve y hielo inaccesible para los automóviles.

En semejantes casos la única salvación era el tranvía Nº 5, que rara vez fallaba, pues sus vías se mantenían en estado normal con ayuda de los limpianieves.

Inna iba protegida del frío con el abrigo de invierno de Alexandr Matvéevich, - forrado de algodón y que le llegaba hasta los tobillos - con un gorro de piel, un tapabocas y unas válenki. La conductora del tranvía, al ver el espectáculo, comprendió la situación e invitó a Inna a meterse en su cabina, calentada por una estufa eléctrica.

Así llegamos hasta el "Instituto de protección de la maternidad y de la infancia", en el que trabajaba en calidad de doctora una de las mejores amigas de Inna: Rita Vagánova.

El 2 de diciembre de 1949, en la ciudad de Sverdlovsk de los Montes Urales, nació nuestra primogénita, que en la partida de nacimiento figurará como María Virgílievna Llanos Más.

Por muchos esfuerzos que hicimos con Inna - ella desde su habitación del Instituto y yo desde la calle - me fue imposible ver y apreciar a mi recién nacida hija a través de una doble ventana con cristales empañados por el frío. A los pocos días ambas vinieron a casa. María - Máshenka, en ruso diminutivo, se parecía a nosotros dos. Nos sentíamos felices y lo único que pedíamos a nuestro ángel de la guarda era que yo no tuviese que salir pronto de viaje.

La joven familia hispano-soviética. Inna, Máshenka y Virgilio. Sverdlovsk, 1950

La joven familia hispano-soviética. En la foto Inna, Máshenka y el autor. Sverdlovsk, 1950

No obstante, transcurridos tres meses, de nuevo tuve que visitar el distrito de Elán. Mis cartas ya iban dirigidas a las dos.

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