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PereXilandia en Redes Sociales

Capítulo VII. La hidroeléctrica de Kúibyshev. Parte 7

Un pasodoble torero

1957, abril.

El día 29 de este mes hemos abierto la navegación por las esclusas que construimos.

Un enorme barco de pasajeros, el "Chaikovsky", ha sido el primero en entrar en la cámara de las esclusas superiores. Como muchísimos otros constructores de la hidroeléctrica, toda nuestra familia nos encontramos a bordo del barco pionero.

 

¡Qué enormes son las cámaras de las esclusas! ¡Los barcos de pasajeros de tres cubiertas parecen juguetes en ellas!

Barcos de pasajeros en la esclusa Nº 21 de la hidroeléctrica de Kúibyshev

En la foto: barcos de pasajeros en la esclusa Nº 21 de la hidroeléctrica de Kúibyshev

Suena un popurrí de canciones y piezas musicales elegidas de antemano por los propios constructores. Entre ellas, a petición de Jaime Ortiz, un pasodoble torero.

Dos guapas muchachas nos invitan a Jaime y a mí a bailar el pasodoble. Alguien que nos aprecia ha organizado esta invitación al baile, pues al fin y al cabo somos los jefes que han dirigido las obras de la esclusa por la que este enorme barco desciende 14 metros de altura: Jaime ha sido el jefe del montaje y yo el de la construcción.

El barranco de los Manzanales

1957, mayo.

He reunido a todos los ingenieros y técnicos, al personal de oficinas y a los jefes de las brigadas de obreros que, en su conjunto, componen el sector de la Construcción que yo dirijo. El tema a discutir es la proposición de Eguemburg de pasar a construir en la orilla derecha del Mar de Kúibyshev - en un pintoresco lugar de los Montes Zhigulí llamado Barranco de los Manzanales - una serie de instalaciones de un complejo industrial de producción de cemento y artículos de fibrocemento.

Damos nuestra conformidad.

1957, octubre.

Ya hemos terminado las grandes obras hidrotécnicas. ¡Nuestra hidroeléctrica es la más potente de Europa!

Vista de la Hidroeléctrica V. I. Lenin ya construida

Vista de la "Hidroeléctrica V. I. Lenin" ya construida

De tal palo tal astilla

1958, junio.

Hace unas semanas que alrededor del hermoso hotel, situado en un frondoso bosque a orillas del Mar de Kúibyshev - a unos doscientos metros del chalet en el que vive nuestra familia - se están realizando obras a las que no dejan entrar a nadie que no sean sus constructores. Al parecer, el hotel se está reconstruyendo y adaptando para que en él puedan residir Nikita Jruschov y sus acompañantes del Buró Político del PCUS, cuando visiten nuestra hidroeléctrica y el complejo industrial que construimos.

Ayer, cuando estábamos cenando en casa, tuvimos una visita inesperada del jefe de la sección del KGB de la ciudad de Stávropol y de su ayudante. Aunque parezca mentira el objeto de su preocupación era mi hija María, que ya tiene 9 años.

Según el jefe, ella fue la organizadora de un grupo de niños del poblado que penetró en el recinto cerrado de una de las obras gubernamentales ya terminadas y amuebladas. En los guardarropas habían desenroscado las canicas-tuercas de madera que fijaban las piezas de los colgadores, y se las habían llevado. Como resultado de la desarticulación de las piezas, muchas perchas fueron a parar al suelo.

Por la cara que puso la niña al oír la causa de tan "agradable" visita comprendí que todo correspondía a la realidad, y que a aquellos funcionarios de la Seguridad del Estado les habían conducido a nuestro chalet "las huellas de los delincuentes" y las confesiones de los miembros más jóvenes de la cuadrilla.

Al jefe le interesaban sólo dos cuestiones: ¿para qué necesitaban los niños las canicas-tuercas? Y ¿dónde estaban las más de 300 bolitas que habían destornillado?

Cuando María respondió a la primera pregunta diciendo que las necesitaban para jugar al gua - palabra inexistente en lengua rusa - yo estuve a punto de explotar de risa, aunque aquella situación era desagradable. Admirando la tranquilidad de mi hija durante el "interrogatorio", recordé la cuarentena de los niños españoles en el hotel "Angleter" de Leningrado en 1938 y la desarticulación de las camas metálicas del hotel para - como ella - jugar al gua con las canicas-tuercas metálicas que fijaban las cabeceras y los pies de las camas.

A la pregunta del jefe de qué era el gua, María le contestó que era un juego español. Cogiendo dos de las siniestras bolas que guardaba en su bolsillo le dio una a él y, advirtiéndole dónde estaba el hoyo imaginado en el suelo de nuestro comedor, le enseñó a jugar.

Luego le devolvió todas las bolas que ella guardaba en su dormitorio.

El conflicto parecía quedar solucionado, aunque creo que el jefe de la sección de seguridad - después de haber jugado un buen rato al gua con Máshenka - no devolvió todas las bolas a los montadores: se debió quedar con alguna para enseñar a jugar a sus nietos, o a algún amigo.

Virgilio de los Llanos Más con sus hijos Máshenka y Andrés

El autor con sus hijos Máshenka y Andrés

Pensando en España

1958, agosto.

... Hoy en toda la Unión Soviética se celebra el "Día del Constructor".

El Presídium del Sóviet Supremo de la URSS ha firmado un decreto especial con fecha del 9 de agosto. De acuerdo con este decreto, entre otros muchos constructores, Inna y Jaime Ortiz han sido condecorados por su trabajo en las obras de la hidroeléctrica y del complejo industrial con la orden "Distintivo de Honor", Ángel Alonso Garitagoitia con la orden "Bandera Roja del Trabajo", Manuel Ranedo con la medalla "Gloria al Trabajo" y el autor con la orden de "Lenin".

Virgilio de los Llanos Más con su esposa Inna después del acto de la condecoración

Inna y el autor después del acto de la condecoración

Hoy por la tarde ha llegado a la estación "Mar de Zhigulí" un tren especial con Nikita Jruschov y los cuatro dirigentes del PCUS que le acompañan: Súslov, Brézhnev, Áristov y Polyanski.

Acompañados de Komzín y otros jefes de la Construcción los dirigentes soviéticos dieron un paseo en barco por el Mar artificial de Kúibyshev, admirando el panorama nocturno de la hidroeléctrica y el complejo de producción de cemento del Barranco de los Manzanales.

Nikita Jruschov nos invita a cenar

La tarde del 10 de agosto ha sido inolvidable: entre otros muchos compañeros Inna y yo hemos sido invitados a la recepción organizada por Nikita Jruschov en honor de los constructores.

A la hora señalada en la invitación, atravesando una larga fila de pares de ojos vigilantes que a nuestras "buenas tardes" respondían con un silencio asombroso, llegamos por fin al umbral de la sala de fiestas recién construida y ya semiocupada por un tropel de camareros del séquito gubernamental.

Nos alegramos mucho al ver que alguien había previsto que estuviésemos juntos con nuestros amigos más íntimos.

En las mesas - ya servidas lujosamente con una gran variedad de opíparos entremeses en hermosas fuentes y platos de las vajillas del Kremlin - no había otras bebidas que no fuesen refrescos de toda clase y vinos de mesa, cuyas botellas se encontraban unas de otras a distancias inaccesibles para las personas educadas. Y es que en la URSS - eterna mártir de todo tipo de experimentos - había comenzado la consecutiva campaña antialcohólica de acuerdo con el "nuevo código moral", establecido por Nikita Jruschov.

El servicio de mesa era incomprensible: nadie de nosotros dudaba de que - de alguna manera - durante el banquete utilizaríamos todo aquel enorme conjunto de cucharas, cucharillas, cuchillos, palas, tenedores y trinchantes que nos habían puesto a cada uno, pero ¿qué haríamos con todos aquellos tipos de vasos y copas para vodka, vino y licor que acompañaban a los cubiertos?

Inesperadamente se abrieron las puertas que separaban la sala de recepciones del hotel de dos pisos. Por ellas entraron en la sala nuestros anfitriones.

Nikita Jruschov, con un agradable "¡Buenas tardes, camaradas! Les ruego llenen sus copas", se acercó a su mesa. Una voz opaca de alguno de los constructores invitados, sentados en las mesas más alejadas de la presidencial, preguntó en voz alta:

Llenarlas ¿de qué?

La acústica de la sala era tal que aquella valiente voz - cuyo dueño prosigue siendo desconocido hasta el día de hoy - pareció proceder del cielo, invitando al Secretario General del PCUS a que no nos estropeara la fiesta con aquellas medidas antialcohólicas, drásticas e ineficaces.

Debo afirmar que no conozco a nadie que, acatándose al nuevo orden, haya dejado de beber vodka cuando haya querido. Es difícil imaginarse una fiesta en Rusia sin vodka, pues tanto el carácter ruso como los verdaderos entremeses nacionales de preparación casera son incompatibles con otras bebidas.

Pero el máximo dirigente del PCUS estuvo a la altura de los constructores de la "Hidroeléctrica V. I. Lenin". Echando una ojeada a las mesas de los invitados más cercanas a él comprendió inmediatamente de lo que se trataba y preguntó alzando la voz:

¿Quién ha sido el cojudo inventor de este espectáculo?

Se requirieron escasos minutos para poner en las mesas las mejores botellas de vodka, coñac y licores existentes en la Unión Soviética, muchas de cuyas marcas nunca habíamos probado. Y es que ya hacía unas horas que, detrás de las puertas que unían la sala de fiestas con las despensas, estaban preparados una infinidad de carritos con las botellas que faltaban para que la recepción fuese normal.

Nuestros vasos pronto se llenaron de vodka y, obedeciendo al primer y corto brindis de Jruschov

¡Por la salud de todos los constructores de este magnífico complejo que acabamos de inaugurar y de sus familias!

- según la costumbre rusa, apuramos los vasos hasta la última gota.

A medida que los brindis alcanzaron su apogeo las intervenciones de Nikita Serguéevich concernientes a la política internacional fueron cada vez más contundentes.

Aconsejado por sus colegas - antes de que "declarase la guerra a Turquía", con la que no recuerdo por qué estaba enfadadísimo - se despidió cortésmente de todos nosotros y, asido por los fuertes brazos de dos guardaespaldas y acompañado de los demás gobernantes, se retiró a descansar en sus apartamentos del hotel.

Comenzó un impresionante concierto de conocidos artistas. Terminado éste - y apartándonos al bosque cercano para no molestar a nuestros dirigentes - todos los constructores, artistas, cocineros, camareros y miembros de las fuerzas de seguridad, ya libres del servicio, estuvimos cantando, bailando y charlando hasta el amanecer.

Más páginas del dietario

1958, agosto.

Después del alborozo de las fiestas el profundo silencio que se ha apoderado de nuestro poblado para unos días comienza a ser atormentador para mí.

Inna me recuerda que mientras reina este silencio debería someterme a un examen médico, pues me duelen mucho las piernas, tenemos ya dos hijos y debemos pensar en su futuro. Como siempre, Inna es más sensata que yo. Y tiene razón.

En el hospital de la Ciudad del Puerto, vecina a nuestro poblado, he ido a parar en manos del doctor Legar - galardonado con el título de "Doctor emérito de la República de Rusia" - hombre muy apreciado por todos.

Una radioscopia y una radiografía posterior ordenadas por él han descubierto en mi pulmón izquierdo un tumor de configuración redonda de 2 centímetros de diámetro.

Además, el análisis de mi sangre indica que la composición de ésta es muy espesa y que en ella se han formado coágulos, o trombos, que son peligrosos.

El doctor me recomienda ir a descansar en algún balneario adecuado del Cáucaso.

Invitados por Dolores Ibárruri

1958, septiembre.

Ya hace unos días que descansamos en el sanatorio "Serguéi Ordzhonikidze" de la ciudad de Sochi, a orillas del mar Negro. Es un verdadero palacio que pertenece al Sindicato de los mineros. Anualmente todos los sindicatos intercambian entre sí un número determinado de plazas en sus sanatorios con el fin de hacer más ameno el descanso de sus afiliados.

Después de un examen médico los doctores del sanatorio han confirmado el diagnóstico del doctor Legar y me han prescrito para curar mis piernas baños de aguas termales de Matsesta, que contienen hidrógeno sulfurado.

El sanatorio se encuentra en la ladera de una montaña y un funicular de pasajeros nos transporta hasta la orilla del mar y, desde ésta, al sanatorio.

Paseando con Inna por Sochi hemos tropezado con Amaya Ruiz Ibárruri y su esposo Artyom Serguéev. La alegría ha sido mutua, pues mis raros encuentros con Amaya han sido siempre amistosos. A su esposo Artyom hasta ahora yo no le conocía personalmente, pero apenas transcurridos unos minutos del encuentro me parece conocerlo desde hace muchos años. Nos sentamos en una "shashlýchnaya" que atrajo nuestra atención por el sabroso olor a carne de cordero asado en brochetas, y dimos rienda suelta a la manifestación de nuestros excelentes estados de ánimo.

Artiom Serguéev, Amaya Ruiz Ibárruri, Irene Falcón y Virgilio de los Llanos Más

En la foto de Inna, de derecha a izquierda: Artiom, Amaya, Irene Falcón y el autor

Hoy Amaya y Artyom, acompañados de Irene Falcón, han venido a nuestro sanatorio y, en nombre de Dolores Ibárruri, nos han invitado a comer. Dolores, sonriendo, nos ha recibido en la terraza de la dacha en la que, a orillas del Mar Negro, descansa con su familia.

A Dolores le interesa todo lo relacionado con la vida de los españoles que trabajamos en Stávropol en el Volga. Inna y yo - a dos voces - explicamos a nuestros anfitriones lo que es la "Hidroeléctrica V. I. Lenin" y el gigante complejo industrial que construimos a su alrededor, la modesta participación en las obras del grupo de ingenieros españoles, algunos de los cuales ya hace dos años que regresaron a España. Dolores nos pide transmitir a Ángel Alonso, Jaime Ortiz, José Ranedo, Antonio Martínez y a nuestros familiares un cordial saludo.

Seguidamente sirve a la mesa un pastel que ella misma ha preparado. Es muy sabroso y, además, está hecho con las manos de nuestra Pasionaria. Su querido nieto Fyódor anda en triciclo por la terraza llamando su atención y, por los ojos con que ella le mira, se ve que Dolores es feliz.

Esto, al fin y al cabo, es lo principal y lo que transmitiré a mis compañeros de Stávropol en el Volga.

Diputado al Sóviet de la ciudad

1959, mayo.

He sido elegido diputado al Sóviet de la ciudad por mayoría absoluta de votos. Mi candidatura - propuesta por varios colectivos constructores - fue discutida en reuniones previas de los electores del distrito electoral.

En la reunión de los electores uno de ellos me pidió que contara mi biografía.

Me asediaron a preguntas: dónde nací, quienes son mis padres, cuando llegué a la URSS, dónde me eduqué y estudié, si estaba casado y con quién, cuántos hijos tenía, etc., etc.

Mi apoderado contó a los electores todo lo que se refiere a mis principios morales, mi perseverancia y firmeza en el planteamiento y solución de los problemas vitales para la ciudad y sus habitantes, es decir, aquellos rasgos que él veía en su candidato.

Creo que el apoderado exageró un poco. Los electores me tributaron un aplauso que más tarde quedó plasmado en los resultados de las urnas.

Ahora ya soy el poseedor del carné Nº 77, expedido a nombre del diputado de la séptima legislatura del Sóviet de la ciudad de Stávropol en el Volga Virgilio Llanos Más.

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