Su nombre era Vladikavkaz

La capital de la República Autónoma de Osetia del Norte era Ordzonikidze. Y, como otras muchas ciudades soviéticas, también había pasado por el calvario de los bautismos revolucionarios.

El nombre de pila de la fortaleza, construida en 1784, pertenecía a los tiempos zaristas y era Vladikavkaz, que en ruso significa "Dominante del Cáucaso". Después de la Revolución, en 1931, la ciudad fue bautizada con el apellido del revolucionario caucasiano Gregorio Ordzonikidze (alias "Sergó"), colaborador de Stalin. Pero en 1937 "Sergó" - acosado por Stalin por haberse negado a apoyar la conducta del tirano en sus crímenes contra el pueblo soviético - se suicidó.

Stalin no le perdonó. En 1944, durante la Gran Guerra Patria, borraron a la ciudad el nombre de Ordzonikidze, para llamarla "Dzaudzhikau". En 1954, después de la muerte de Stalin la ciudad recobró el nombre de Ordzonikidze.

Pero lector, ¡no sea usted ingenuo!

Cuando dentro de unas décadas comience en la URSS la epopeya "Perestroika" el nombre de la capital montañesa volverá a ser el de su primer bautismo - Vladikavkaz, pues para los nuevos dirigentes rusos será necesario una vez más "dominar el Cáucaso", siempre rebelde.

En el "Museo" de un glaciar caucasiano

Después de visitar las obras que construía "Glavyug" en la Región Autónoma de Karacháyevo-Cherkesia paseamos por el vedado de Teberdá, fundado durante el poder soviético en la ladera norte de la cadena de montañas del Gran Cáucaso. Por las rocas de esta ladera, cubierta de pinares y de praderas alpinas y subalpinas, paseaban uros, gamuzas y venados.

En aquellas montañas existían varios glaciares. En una primavera cálida de la postguerra el sol derritió la nieve que cubría la superficie de uno de éstos, y los pastores - que conducían los rebaños de ovejas hasta los pastos alpinos - vieron un cuadro inaudito que les conmovió.

A cierta profundidad de la capa de hielo diáfano se vislumbraba un grupo de cuerpos congelados de soldados soviéticos. En este lugar se enfrentaron, en un durísimo combate, al cuerpo alemán de cazadores y escaladores de élite - los "Edelweiss".

Muchos de los componentes de estas unidades alemanas, en calidad de inocentes turistas, habían aprendido a esquiar y escalar en las laderas de las montañas de estos parajes antes de comenzar la agresión contra la Unión Soviética.

Un enorme alud de nieve - quizás provocado por el estruendo de los cañones y de las bombas - había sepultado a aquellos soldados soviéticos, defensores del puerto, y a sus enemigos alemanes, conservando así esta hazaña para las futuras generaciones.

Los soldados soviéticos iban vestidos todavía con uniforme de verano. Pero sus enemigos - aunque bien arropados como correspondía a las unidades alemanes a las que pertenecían - fueron rechazados.

El eco de aquel grito de "¡No pasarán!", que nuestros padres lanzaron a todo el mundo en 1936, había llegado hasta aquellas montañas.

Nazrán

Nazrán, que se encuentra a 90 kilómetros de la capital Grozni, acababa de pasar en 1967 de la categoría de aldea a la de ciudad, y ya era centro de distrito. Allí construíamos una fábrica de géneros de punto.

El Primer Secretario del PCUS de Nazrán resultó ser un silencioso montañés, cuya penetrante y desconfiada mirada parecía estudiar la profundidad del alma de un español moscovita.

Cuando, ya muy tarde, terminamos el examen de la situación en las obras de aquella ciudad, el Secretario me invitó a cenar en la sala trasera de un comedor que, como comprendí, era el lugar de recepción de los huéspedes preferidos. El Secretario era un interesante interlocutor con una impresionante lógica de exposición de los hechos.

Comenzó por decirme que, en los contornos, su ciudad era también conocida con el nombre de "Dallas". Me dijo que casi todos los montañeses, por si acaso, estaban armados.

Y me contó un chiste según el cual, cuando a los nuevos reclutas indígenas les llamaban a filas, lo primero que éstos hacían era preguntar al comisario militar si debían presentarse con sus armas o si sería el Estado el que se ocuparía de ellas.

Parece ser, según el chiste, que una vez el comisario preguntó a uno de los reclutas destinado a las Fuerzas de Artillería con qué arma éste pensaba presentarse a las filas, a lo que el inmutable recluta respondió:

¡Con un cohete tierra-aire que acabo de recibir de la fábrica productora!

Yo sabía que las armas, desde tiempos remotos, siempre habían sido la debilidad de los montañeses. Y me reí de aquel chiste sin pensar ni un instante en su posible verosimilitud...

Pregunté al Secretario en qué tienda podría comprar un libro de la historia de los pueblos de Checheno-Ingusetia, que me interesaba mucho. Con cara triste me contestó que, desgraciadamente, la verdadera historia de su pueblo nunca fue editada.

Cuando usted ojee las enciclopedias soviéticas de los últimos años

- me dijo -

verá cómo en ellas se desfigura e ignora la historia de nuestros pueblos, aunque ya éramos conocidos en el siglo VII de nuestra era. En el Diccionario Enciclopédico de 1955, editado después de la muerte de Stalin, no se menciona ni nuestra República ni su historia.

En dicho Diccionario - a diferencia de otras Repúblicas montañesas contiguas - aparecemos como parte de una región, denominada "región de Grozni", formada en plena guerra contra el fascismo alemán y en la que también entra una parte del territorio de Daguestán, por ejemplo, la ciudad de Kizlyar.

¿Quiénes éramos hasta entonces y por qué desaparecimos de la Historia Soviética?

Existe una sola razón: nuestro pueblo nunca se había unido a Rusia voluntariamente y eso no se nos perdonaba. El zarismo nos había anexionado, es decir, nos había incorporado a su territorio - independientemente de nuestra voluntad - como resultado de la guerra denominada "Guerra del Cáucaso", que duró 47 años. Durante aquella guerra los montañeses formaron un Estado Rebelde dirigido por los imames. Luego fueron sometidos a Rusia por la fuerza.

Algunas enciclopedias dicen que Ingushetia se incorporó a Rusia voluntariamente en 1810, mientras que Chechenia fue anexionada en 1859. Otras enciclopedias dicen que ambas regiones se incorporaron a Rusia voluntariamente.

¡Vete a saber!

Luego, después del triunfo de la Revolución de Octubre, el territorio de Checheno-Ingusetia fue incluido por alguien en la denominada "Región Montañesa". Más tarde, en 1922, se formó la Región Autónoma de Chechenia, y en 1924 la de Ingushetia.

En 1934 nos fundieron a las dos regiones autónomas en una sola y formaron la Región Autónoma de Checheno-Ingusetia, que formaba parte de la República Federal de Rusia. El 5 de diciembre de 1936 dicha Región Autónoma fue transformada en República Autónoma de Checheno-Ingusetia.

En 1944, por orden de Stalin, fuimos desterrados de nuestra tierra. Durante los años del destierro hemos perdido a nuestros mejores representantes. En 1957, es decir, hace sólo diez años, hemos comenzado - como algunos profanos dicen riéndose de nosotros - una "nueva vida".

Mire usted quiénes son los que nos dirigen hoy día.

El Primer Secretario del PCUS de la República es un ruso, mientras que en las vecinas Repúblicas de Daguestán y de Osetia del Norte los Primeros Secretarios son nativos. Los dirigentes de las principales organizaciones de la República, por ejemplo de "Glavyug", son forasteros soviéticos. Lo mismo ocurre en otras ramas de la economía.

La mayoría de ellos desconoce nuestra lengua y nuestra cultura.

Los dirigentes chovinistas gobernantes, que desgraciadamente todavía son muchos, no nos quieren reconocer como personas normales y, como usted habrá oído más de una vez, nos llaman despectivamente "culos negros".

La verdad histórica de lo ocurrido con nuestro pueblo la describe muy bien el poeta avaro de la vecina República Autónoma de Daguestán Rasul Gamzátov en su octava que dice:

"Sométete Cáucaso, viene Ermólov"

A. Pushkin

Los hijos de las montañas, como las cimas de éstas,

jamás se sometieron, ni doblaron el espinazo

en aquellos años ni un siglo después

al ver las charreteras de los generales.

Aquí tampoco tuvieron nada que ver

la injuriosa falsedad ni la fuerza.

Yo asumo el afirmar:

No fue la Rusia de Ermólov la que nos conquistó.

El Cáucaso fue cautivado por la Rusia de Pushkin.

El Secretario calló después de haber recitado con mucho énfasis la célebre poesía de Rasul, me miró fijamente y me pidió perdón por haberse permitido aquel desahogo.

Pensé en España y en sus nacionalidades.

¿Por qué los dictadores siempre odian tanto a las pequeñas nacionalidades?

¿Pueda ser que tanto les irrite sus culturas seculares, sus incomprensibles lenguas y costumbres, sus conceptos de la libertad y su sentido de la dignidad?

¿O pueda ser que los dictadores todopoderosos, cuando visitan estas nacionalidades, perciben más ostensiblemente su insignificancia personal en comparación con la grandeza de aquellas humildes gentes?

En la patria del Príncipe Bagratión

La denominada carretera de segunda categoría por la que viajábamos hacia la ciudad de Kyzliar en compañía de Magomed Yusúpov - jefe de la sección del PCUS de la República Autónoma de Daguestán - era un desastre. Cuando llegamos al punto de destino era difícil conocernos. El polvo había pintado de color gris oscuro nuestras caras y cabelleras y mi reloj de pulsera - que superó los ensayos de resistencia al polvo daguestano - indicaba que llegamos con una hora de retraso.

A los pasajeros nos dolían las costillas de las sacudidas que daba el coche en los miles de baches que tuvimos que superar.

El chofer afirmaba que a él no le dolía nada. Pienso que era el orgullo nacional y profesional el que le obligaba a afirmar semejantes disparates.

Kyzliar era una ciudad que entonces tenía 25 mil habitantes. En el hotel en que nos instalaron alguien había cortado la luz y el agua, y el pobre director - que sabía que venían "jefes de la capital" - se había visto obligado a organizar el transporte de agua desde el río Térek hasta el hotel en una cuba de madera montada sobre un carro tirado por un mula, y asimismo alumbrar nuestros apartamentos con velas.

Todos los recién llegados habíamos formado el cuadro y nos bañábamos echándonos unos a los otros cacerolas de agua fría cuyo color era difícil de determinar pero en la que - como dijo Zakir - nadaban jóvenes renacuajos.

El espectáculo era cómico y yo reventaba de risa. Aquella escena era digna de algún cuento de Chejov, pero me veía obligado a retener la carcajada al ver la seria y preocupada cara de Magomed que - como representante de la fuerza dirigente del país - se creía culpable de lo ocurrido, calificando el suceso como un escándalo.

Eran las ocho de la tarde y teníamos hambre, pues lo poco que habíamos comido en una "Cháinaya" de la carretera parecía haberse esfumado en los brincos del coche, sin que nuestros estómagos hubiesen tenido tiempo de digerirlo. La cocina del hotel no funcionaba y, cuando ya me había resignado con la idea del ayuno, alguien llamó a mi puerta.

Era el director de la fábrica de coñac de Kyzliar, un rechoncho daguestano de nariz aguileña que nos invitó a cenar y a degustar sus productos vinícolas. Me sentaron a la mesa entre el director y el ingeniero vinicultor de la fábrica.

El director, buen narrador, nos relató durante la cena la siguiente historia.

Cuando comenzó la Gran Guerra Patria alguien - temiendo que los alemanes o sus aliados pudieran ocupar una parte de la Transcaucásica - decidió evacuar de la República de Armenia a la ciudad de Kyzliar una parte de las célebres reservas armenias de alcohol de coñac, y asimismo cierto número de toneles de roble en los que éste añejaba.

Aquello fue un acierto: ahora el coñac de Kyzliar era conocido en toda la URSS, competía con el coñac armenio y las bonitas cajitas para regalo con pequeñas botellitas de coñac daguestano ocuparon durante muchos años las tiendas soviéticas de suvenires.

Kyzliar era la tierra en la que pasó su infancia el Príncipe ruso Piotr Bagratión, descendiente de una antigua familia noble georgiana, uno de los generales rusos de mayor valor y talento, discípulo de Suvórov. Sus restos fueron enterrados en el campo de batalla de Borodinó, donde fue herido en un sangriento combate contra los franceses.

En Kyzliar estaba enterrada la madre del Príncipe y, en su honor, existía un pequeño museo. Bagratión era uno de los personajes más queridos por los rusos. Precisamente fue el Ejército bajo el mando del Príncipe el que infligió la primera derrota al Ejército de Napoleón: en la batalla de Preubisch-Eylau (hoy la ciudad rusa cerca de la frontera con Polonia) - dirigida personalmente por el propio Emperador francés - no hubo vencedores. Sólo muertos, heridos y prisioneros. En 1946 la ciudad de Preubisch-Eylau fue bautizada con el nombre de Bagratiónovsk.

A mí - bajo el influjo de los vapores del coñac daguestano - me vino una "idea" a la cabeza que inmediatamente expuse a los allí presentes.

Si hoy día

- pronuncié con énfasis en la mejor tradición oradora caucasiana -

el coñac francés "Napoleón" goza de fama mundial, aseguro que el coñac daguestano "Bagratión" - envasado en botellas adecuadas adornadas con una bonita etiqueta en la que figure la soberbia silueta del Príncipe ruso - vencerá al coñac francés en el mercado mundial.

Inventé incluso el comienzo de la publicidad del coñac "Bagratión":

¡No sólo en los campos de batalla...!

Ya en Moscú un día me llamó el director por teléfono. Cuando oí la voz del simpático daguestano comprendí que algo desagradable había ocurrido. Efectivamente, su proyecto de salida al mercado internacional con el coñac "Bagratión" fue rechazado en el Comité Regional del PCUS.

El nombre de Bagratión había sido rechazado por ser el Príncipe un explotador del pueblo, y al director le recomendaron estudiar mejor la historia desde el punto de vista marxista-leninista.

P. S. Ya han transcurrido 25 años desde la fecha en la que sucedieron los hechos narrados "En la patria del Príncipe Bagratión". Corren los años y ahora estamos en 1999.
Mi hijo Andrés acaba de regresar de un viaje a Rusia y me ha traído un recuerdo de allí: es una bonita botella de coñac "Bagratión" de 40% vol.
Además de retrato del Príncipe Bagratión la botella y su negro embalaje están adornados con escritos de grandes letras doradas en los que se puede leer en lengua rusa:
"BAGRATIÓN - coñac de marca elaborado con alcoholes añejados de 20 años en la fábrica de coñac de Kyzliar".

¡A ver si en el mercado internacional el "Bagratión" vence una vez más al "Napoleón"!

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